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Orando con María nuestra Madre
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1.              Nos consta que nuestra vida mariana ha partido de los Grupos Marianos de autoeducación, donde la Madre Santísima nos ha enseñado con toda la ternura de su caridad que Ella es nuestra Madre y que nos ama mucho.  También debemos amarla, porque la síntesis de la fe en Dios es el amor al prójimo, primer mandamiento para nuestra conducta humana que tratamos de autoeducar en el Oratorio por medio de nuestros Grupos marianos de  autoeducación, con el necesario auxilio de la gracia. Tal como en los apóstoles ha habido caídas y seguramente habrá más 

 

2.              El primer pilar válido para laicos y consagrados de nuestro Oratorio, donde se basa nuestra reforma espiritual, contiene un anhelo de autoreforma; llorando tal vez, arrepentidos, recurrimos a nuestra Madre y abogada, con la esperanza que nuestro sano anhelo de reforma auténtica no quede en palabras.  Éstas no asumen verdaderamente la sincera y cabal reforma, que el propio Jesús, continuando la predicación paulina ha enseñado a preparar los caminos del Reino.

¡Madre buena, ten piedad de nosotros!, desde el fondo de nuestros corazones te gritamos, para que podamos ser santos no de meras palabras y crezca en nosotros la sinceridad de reconocernos tal cual somos, dónde mejorar y qué mejorar.

 

 

 

3.              Tus múltiples manifestaciones en la Iglesia, como lo es por ejemplo, la Batalla de Lepanto, salvaron la Europa cristiana del total exterminio de la fe;

El avance militar incontenible  de la ideología de los turcos otomanos, musulmanes, se imponía peligrosamente a mediados del siglo XVI.

Madre santísima, ten piedad de nosotros, de nuestras familias, amigos difuntos, sobre todo de nuestros enemigos, de tantos que se dicen católicos pero ofenden el Corazón amoroso de tu Hijo Jesús.

 

 

4.          Madre Santa, Madre de Dios, nunca vamos a agotar nuestro conocimiento de ti porque tu cercanía a Dios es incomparable.

Nadie como Tú está tan cerca de la divinidad; en nuestros Grupos Marianos de autoeducación se manifiesta poco a poco una gran admiración por Ti; ésta se va gestando en nuestros Grupos porque eres la Madre de Dios; eres un tesoro incalculable.  Por este motivo, Madre, estás junto a la Piedra Angular del gran edificio espiritual que es la Iglesia construida por Jesús.  Estás ligada profundamente a Cristo tu Hijo y Señor.  También eres el espejo sin mancha que refleja la imagen del Verbo hecho carne.  Eres un retrato precioso, sin errores, de la santidad de tu Hijo. 

Qué feliz es realmente quien ama a María, es más feliz que cuanto hay bajo el día y la noche.  Madre, a nosotros los marianos que te obedecemos, haciendo todo lo que nos enseña la Iglesia; nos abres las puertas de tan grande maravilla.  Guía nuestros pasos; que cada día que pase, escuchemos de corazón tus consejos de fidelidad al Señor y elevemos nuestros corazones a Dios por tu intermedio.

 

5.              Nuestros  Grupos Marianos han nacido bajo el alero de Schoenstatt, también nos ha influido el Movimiento pedagógico de Don Bosco; él fue un gran admirador tuyo Madre, comprendió desde sus inicios que su vida se espejaba en ti, Madre amable, Madre poderosa, Madre amantísima; fue descubriendo entre los muchachos pobres de los arrabales de Turín, Italia, tu imagen amada.  Un par de decenios después de su muerte, el pintor Roberto Ferruzzi pintó tu imagen de la Madre del Pueblo, la Madonna de la Strada.  Fue una inspiración muy fuerte la de este pintor en la única obra pintada por Ferruzzi.  El motivo de su inspiración se trató de una niña que iba por la calle cerca de nuestro pintor; era una niña que llevaba a su hermanito en brazos. 

Madre qué maravilla, eres bellísima, eres toda pura, toda santidad.  Que Don Bosco nos ayude a ser cariñosos con la gente, conquistadores de almas, que nuestros grupos sean fieles a los Desafíos; primero a tu presencia que es lo más importante; el Oratorio no se explica sin tu presencia.

Invoquemos a la Madre; que su Nombre jamás se caiga de nuestros labios, jamás se apague en nuestros corazones.  Si seguimos a la Madre no nos perderemos; si pensamos siempre en María no cometeremos errores, si estamos amarrados cerca de Ella, no caeremos, si la Madre nos protege no temeremos a nada, si la Madre santa nos guía no nos estancaremos, si Ella nos socorre, nos ayuda, ciertamente llegaremos a la Patria Celestial.

 

6           Madre santa, un incendio es un incendio, quema, destruye, devora cuanto combustible se le pone por delante; incendia todo lo que va cayendo bajo sus voraces llamas. Avanza como una bestia del Apocalipsis, para bien o para mal. En el Infierno el incendio del fuego es un fuego destructor, se lo devora todo, es envidioso y lleno de mentiras.  En el Cielo, en el Corazón de Jesús, se trata de un fuego dulce fuego salvífico; Él está dispuesto a pagar todo el precio de nuestra salvación porque así lo ha dispuesto el Padre, y este precio precisamente consiste en pagar con su propia vida con la muerte y muerte de cruz.  Madre, la autoeducación es la primera chispita con que se empieza a encender ese fuego divino, luminoso, salvador, que se extiende por debajo de las raíces y no hay cómo pararlo; tu amor, Madre, es tan intenso, que es el más grande después del de Jesús, Hijo de Dios vivo.  Jesús es el Verbo de Dios; es infinitamente grande su acción redentora y su actividad de evangelización. 

La síntesis de la fe en Dios y del amor por el prójimo eres Tú, María Santísima, eres Tú la Reina de los apóstoles, Madre de la divina gracia, eres lugar de encuentro con el Señor, eres amorosa antesala de la Trinidad Santísima, repleto de amor está tu corazón, Madre; uno se enamora de Ti.  Con una sola palabra entró la salvación del género humano: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí…”  Yo soy tu Madre, tú eres mi hijo, no temas amarme, mi incendio es un incendio de amor que no destruye sino que edifica la salvación. Nunca quedaremos confundidos de habernos entregado en los Grupos de autoeducación, al que a veces nos cuesta asistir y comprometernos, pero, a la postre, es maravilloso lo que se consigue en autoeducación.

 

7       Madre buenísima, nos estás enseñando siempre que el vino nuevo hay que ponerlo en un odre nuevo; no se saca nada con luchar por la autoeducación, por ejemplo, según el modelo de los filósofos estoicos con su esfuerzo de dominio de sí mismos, superando con ello el epicureísmo que creía encontrar la felicidad en los placeres carnales aunque con moderación.  Madre del Amor Hermoso, desde el ABC de nuestros Grupos de autoeducación, Tú nos enseñas a ser hombres nuevos, mujeres nuevas, familias nuevas, una sociedad nueva porque el cielo y la tierra pasarán y el hombre nuevo  nacerá.  No se puede tener las estructuras antiguas de los estoicos y epicúreos (que buscaban pasarlo bien), tenemos allí un odre viejo que no sirve para recibir lo nuevo del Evangelio.

 

 

Tú, por lo tanto, eres nuestra abogada, nuestra esperanza y nuestro socorro.  Recurrimos a Ti gimiendo en este valle de lágrimas, en la gran quemazón, en el gran incendio apocalíptico provocado por el príncipe de las tinieblas para destruirnos  en el infierno, y nosotros gimiendo, perseguidos por el león infernal, extendemos nuestras manos hacia ti para pedirte clemencia, Madre ten piedad de nosotros, desde nuestro espíritu, desde el de nuestras familias.

Entre las flores, la más bella es la rosa, entre las almas la más bella eres, María. Tú desde nuestros grupos marianos de autoeducación, nos vas apoyando poco a poco, respaldando el Primer Desafío, y a la postre, somos fieles, perseverantes, y con las divinas promesas, entraremos en la gloria del incendio amoroso del que nadie lo vio y nadie experimentó de entre las personas humanas de este mundo sino cuando llegue su tiempo en que quedará plenamente establecido el significado exacto de los sietes sellos del Apocalipsis.