Imprimir 

60° AÑOS

DEL PASO DE PIRQUE

En el Paso de Pirque que ocurre en las proximidades del 20 de abril, el padre Sergio ingresó al noviciado de Pirque el día 9 de abril del año 1956 y el día 15 de abril tomaron hábito y expulsaron entre todos los compañeros al maestro de novicios, lo cual fue considerado un escándalo; después de esa expulsión se produjo una evaluación de este hecho incomprensible para la vida religiosa, se habló de que el Padre Kentenich habría dicho que en su lugar habría expulsado a todo el noviciado, por la indisciplina atroz ocasionada por su grupo Pallotino – Schönstatiano; el resultado de esa expulsión provocó una crisis de identidad en el padre Sergio, una profunda queja de él hacia su comunidad por haberlo utilizado en el proceso de exoneración del padre Benito Schneider. Meditando cerca del día  23 de abril, en la cancha de futbol del noviciado, que estaba cubierta de hojas secas de otoño, el crach, crach de su ir y venir, como los antiguos peripatéticos aristotélicos, se planteó la realidad de desconfianza radical que le produjo este acto de masificación: expulsar al maestro de novicio. Se sentía manipulado, decepcionado de su grupo, dispuesto a salir del noviciado. 

Cuatro perspectivas de solución por pedir en esos momentos:

La primera fue volver a la casa paterna. A esa posibilidad dijo no, en ningún caso, eso jamás, ¡Sacerdote de María! nunca quiero dejar de aspirar al sacerdocio mariano.

La segunda era masificarme y hacer todo lo que mis compañeros me dijeran, aunque fuera otro delito como expulsar al maestro de novicios,  a eso el Padre contestó con principios que había aprendido con su papá, ir hasta las últimas consecuencias, no estaba dispuesto a masificarse.

La tercera ir al seminario diocesano. A esto dijo que no, porque su compañero Juan Pablo Beca había ido al noviciado diocesano y estaba muy crítico respecto a  la piedad mariana; a ésto dijo que no,  sin María no se veía en el sacerdocio.

Y la cuarta posibilidad, quedarse secretamente elaborando todo lo que fuera pasando en la vida del noviciado; ahí mientras crujían bajo sus pies las hojas, le entró un tremendo miedo de ser un Martín Lutero que estaba separando a la Iglesia, separando a personas de los sacramentos y/o del Papa, entonces le surgió lo que hoy llamamos el Paso de Pirque: “voy a ir hasta las últimas consecuencias, pero nunca fuera de Iglesia”; era  ya de noche cuando regresé por entre medio de la columnata de palmera chilena que aun están ahí, 60 años después que pasaron estos acontecimientos. Podríamos llamar a todo esto un salto de fe, creemos  que este ejemplo nos impulsa a no tener miedo de emprender caminos que se oponen a la masa.