Mensajes del Fundador  

REFLEXIÓN SEMANAL N°2

REFLEXIONES PADRE SERGIO N° 2

Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy

 

Constatamos una ley de oposición, los pueblos se oponen al Señor y a los mandamientos. Las naciones buscan sus propios planes; se agitan, se contraen como un tigre feroz que salta sobre sus presas, los más pequeños, para ver si pueden devorarlos. Pero con María Santísima no podrán, nada pueden contra María, el terror de los infiernos; es María nueva Eva, la Virgen santa. ¿Por qué se agitan las naciones, por qué se levantan los reyes de la tierra que conspiran junto a sus caudillos contra Dios, el Señor y contra su ungido que es Cristo Jesús, el Señor? Nos admiramos ¿por qué, pero por qué conspiran?, ¿no ha sido suficientemente sincero Jesús; no ha hablado abiertamente en el mismo templo de Jerusalén? Y ellos gritan con una soberbia y prepotencia: “caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Nos hemos opuesto al Rey de reyes, que nos ha hablado tantas cosas buenas. Es la ley de oposición al Señor.¿Qué pueden hacer contra El Padre y su ungido? Dicen: rompamos sus yugos, sus mandatos y preceptos. Pero Dios que posee el cielo y la tierra y todo cuanto existe, no aceptará la situación, hará justicia, se burla de ellos. Dios en su justicia reacciona con mucho enojo, porque ¡cómo no hemos querido entender la misericordia de Dios!Les manifiesta que tengan cuidado por esta oposición peligrosa. Nos advierte: ya tengo consagrado a mi gran Rey,Jesús¿quién podrá separarnos de Él? ¿Acaso la espada, el hambre, la angustia, la desnudez? Todo lo podemos en Aquel que nos conforta, anunciamos pues el decreto del Señor. El Señor ha dicho respecto a Jesús: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy ¿quién podrá oponerse entonces a Él si hasta el mismo infierno tiembla de terror ante el nombre de María? Este mundo eviterno que hace millones de millones de años comienza con las galaxias lejanas en el Big Bang está en las manos del Creador y en ese mar agitado, sumergido por las olas del fuego gigantesco, conlleva un decreto que nada ni nadie podrá oponerle resistencia. El Señor nos dará por herencia las naciones;así como satanás se sentía dueño de todas las naciones de la tierra, sabemos que el Padre que es justicia, verdad y cumplimiento nos hará salir adelante donde otros se quiebran o se doblan fácilmente, como juncos a la orilla de los ríos. Así caerán unos sobre los otros aquellos que no quisieron aceptar que había que servir al Señor respetando a sus leyes. Por eso dice el Señor, besen sus pies, no se irriten y no perezcan en el camino porque su cólera se inflama de repente contra los cínicos que deambulan por todas partes, porque si volaran esos mentecatos pasaría siempre nublado, no podríamos ver el sol. Felices los que se acogen al Señor y ponen en Él con María su confianza.

 

REFLEXIÓN SEMANAL

REFLEXIÓN SEMANAL

DE NUESTRO FUNDADOR

 

 

¿Quién como Dios? Es la respuesta del arcángel San Miguel a la traición de satanás: el impío, el mentiroso que no aceptó que no hay nada ni nadie como Dios. El diablo quiso dar batalla contra Dios para manifestar su envidia, su locura implacable. Dichoso el hombre y la mujer que no se dejan arrastrar por las mentiras de los masificados de siempre; felices que no se dejan tentar por la malicia y mentiras de los que no siguen la verdad, sino la conveniencia del momento. Si tiene amistad con los de la masa es solamente para ayudarlos a salir de ahí; están siempre dispuestos a dar razón de su fe, de su esperanza y de la misericordia que late en su corazón. No se sienta al lado de los que adoran los espectáculos frívolos de siempre porque ama a Dios. Se complace en las leyes del Señor, en los preceptos de María su Madre. Está siempre contemplando y manifestando las leyes y mandatos del Señor; sea de día, sea de tarde, sea de noche. Sabe que si sigue su ley, la ley de la gracia, tendrá parte con el Señor y no dice temerariamente: “¡Ah! el Señor no lo ve, no se da cuenta de mis pecados, si hay infierno, allí solamente está satanás, nadie más entra ahí. Tiene confianza como un pequeño niño en los brazos de su madre. En todo se parece al árbol plantado junto a la acequia, de donde bebe en sus raíces el agua que da vida a sus ramas, hojas y frutas. Da al tiempo consabido frutas jugosas de rico sabor. Nunca se seca su follaje y todo lo que hace ese hombre y esa mujer sale bien. Si hay terremoto en su lugar, hay más protección; si se salen los ríos, el agua llega hasta un cierto punto; la gente pondera lo bien que le va, la gente llega a decir “¡Qué buena suerte que tiene ese hombre!”, pero no ven que está la mano bondadosa de Dios custodiando cada uno de sus pasos. ¡Qué diferentes son los caminos de los que marginan a Dios de sus vidas, como, los masificados, drogadictos, alcohólicos, sexo maníacos y sinvergüenzas que nunca faltan, que nunca se miden en sus palabras, gestos y acciones. Alabado por siempre sea el Señor, María su Madre y la santa Iglesia a la que se le ha prometido que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Para los que se apartan del Señor es todo muy diferente. Cada día el miedo acecha sus puertas. Siempre está temiendo caer en la trampa. Son como paja que se lleva el viento. No tienen ni un fondo valórico. La hipocresía, las mentiras, se ocultan detrás de sus gestos aparentemente amables. Tal como el demonio terminó siendo echado afuera, a ellos les pasará igual. Por eso, la conclusión es no ser temerarios pensando que da lo mismo si se porta bien o mal. Es loco quien piensa que Dios no escucha sus mentiras. El Señor conoce perfectamente el camino de los malos que van a la perdición sino se arrepienten a tiempo. ¡Aleluya! ¡Cantemos al Señor un himno de todo corazón!, porque lindos son sus proyectos llenos de caridad y misericordia. Por así decirlo, lo sienta como a un niño en sus rodillas, junto a su mejilla nos acaricia y nos da una vida nueva que es maravillosa. La bendita entre todas las mujeres, junto con los santos, supieron vivir de verdad y con alegría su camino de seguimiento de Cristo. Amén. Aleluya. Amén. 

 

 

 

 

La Reina del Ecumenismo

El hombre no nace para las cosas divinas por la simple voluntad e instinto humano;

no nace por las obras humanas por más valiosas que puedan ser,

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La Reina del Ecumenismo  (Enero 2015)

                       

El hombre no nace para las cosas divinas por la simple voluntad e instinto humano; no nace por las obras humanas por más valiosas que puedan ser, como es nuestro propio cuerpo capaz de tantas hazañas, podremos subir la montaña más alta y tirarnos abajo con unos superparacaídas.  Podremos conseguir una gloria humana por un instante, después todo se olvida.  ¿Dónde están los grandes atletas, los grandes futbolistas del año 1920? ¿Dónde están los cracks uruguayos que ganaron el primer campeonato mundial de fútbol? Todo pasó y no quedaron más que recuerdos parciales. Lo que podemos hacer de humano, en apoyo de lo divino, es la fe. Creer y por eso vivir en todas sus consecuencias.

La gracia divina supone la naturaleza, no la suprime, pero sí la perfecciona, el ejemplo más claro de esto es la resurrección de los muertos; el cuerpo después de haber experimentado la muerte llega a poseer  en la comunión de los santos  una vida nueva que ya no puede morir, se trata de un cuerpo nuevo, de una vida nueva dentro de sí, por obra del Espíritu Santo. 

Además de la necesidad de nacer, de obtener la naturaleza humana, necesitamos el Bautismo que perfecciona la naturaleza caída por el pecado original: obtiene la filiación divina por adopción.

El hombre no nace por propia voluntad en las cosas divinas; necesita la gracia que lo perfecciona, que lo protege, que lo conmueva el torbellino de Pentecostés.

No nace por la voluntad del hombre, por sus instintos atraídos por el ansia del placer, por la mutua comunicación de los cuerpos que los arrastra a fundirse en ese placer que deja abierta la posibilidad de la concepción natural de hijos.  No, no nacen de la voluntad simplemente humana: nacen por la fe.  ¿Quiénes? Los hijos y las hijas del Reino.

Queremos ser hijos del Reino, entonces no queda otra que postergar lo puramente humano para que lo divino monitoree nuestra respuesta humana  manipulando nuestra existencia débil y a punto de zozobrar en su participación en el Reino de Dios. 

Jesús Niño a sus minoritas nos dice: “Mi paz les dejo, mi paz les doy” no a base de la voluntad del hombre, frágil, poblada de mentiras y verdades transitorias como el conejo que saca de la cartera de la señora asombrada por lo que está haciendo el presdigitador;  o sino tratados de paz más frágiles que una copa de cristal de baccarat. 

En 1998, en los primeros días de enero, debí predicarle todos los días a las Hermanas del Oratorio un sermón diferente porque les tocaba hacer su retiro anual en María Reina; andaba buscando un método para tener todos los días algo novedoso, no repetir retiros de años anteriores;  aproveché un regalo navideño, un libro con historias de santos, pensaba tomar puras santas o beatas no conocidas para, a partir de ellas, hacer mi sermón diario.  Ese día 13 de enero asumí la vida de María Gabriela Sagheddu recientemente beatificada por San Juan Pablo II; la temática de la prédica tomó el tema del ecumenismo como respuesta básica pastoral al tema de la escandalosa división de los cristianos.  ¿Cómo podemos atrevernos a predicar a Cristo Jesús el que nos trae la paz si estamos guerreando en nuestra Iglesia, provocando la división en vez de la unión? El argumento fue el poder de la oración, como Jesús nos enseña en el capítulo 17 de San Juan (Jn 17, 21), a pedir insistentemente por la unión de los cristianos; es la clave en la que tenía que poner el carisma mariano del Oratorio que consistió en retomar  la experiencia de confianza en ella, para que como Madre de la Iglesia asumiera la tarea mamut de conseguir la unidad de los cristianos, llamada en pastoral “ecumenismo”,  como término especial para designar el intento de las iglesias separadas de obtener una unidad fundamental.   En su calidad de Reina del ecumenismo, que ella logre con sus hijos cristianos separados formar una Iglesia unida bajo un solo Pastor sin ahogar los carismas que cada iglesia ha venido enriqueciendo en la expresividad múltiple y complejísima de las diversas iniciativas que pueden y deben ser asimiladas por la Iglesia universal.

 

Poco a poco se irá dando; quizá nos parece imposible que llegue a darse alguna vez esta paz entre los cristianos, nadie quiere renunciar a sus puntos básicos, tendremos que cambiar líneas de comportamiento que nacen de la voluntad del hombre no iluminada por la fe sino por el dominio de ciertos instintos inconfesables. 

Dios lo quiere, quiere que la Reina del ecumenismo sea también Reina de la unión del Oratorio, para que unidos por la fe, mirando al Cristo de la Familia, donde Jesús y María están en una misma cruz redimiendo al mundo, Jesús como Redentor y María como estrecha colaboradora de la redención.  

                           

 

 Oración a la Reina del Ecumenismo.

 

Reina del ecumenismo, con beata Gabriela de la unidad, queremos colaborar en la superación del escándalo de los cismas y divorcios que dañan la familia y la Iglesia.

Como beata Gabriela de la unidad

Rezaba continuamente, con majadera insistencia, hoy hacemos nuestra su oración:

“Padre, que sean uno como Tú y yo somos uno”.

Que se vuelvan minoritas,

que logren junto al pesebre del Niño Jesús,

una verdadera unidad de corazones,

no por la voluntad del hombre que es frágil

y a menudo dominada por el egoísmo y hasta mentiras,

como esas mentiras que provocan divorcios y cismas.

Reina del ecumenismo,

Danos permanentemente la unidad en nuestro Oratorio;

que como minoritas, ayudemos a construirla. Amén.

 

   
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