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REFLEXION PADRE SERGIO N° 3

 

“María Santísima, promueves en tu pueblo, como un tesoro de gracia”.

 

 

Cuando Absalón, hijo de David, se rebeló contra su padre y quiso arrebatarle el reino, murió ciertamente. Quedó atascado con su cabellera abundante en una rama de un árbol, mientras el mulo seguía corriendo y él colgaba del árbol. Lloró desconsolado el rey David cuando supo la noticia que a su hijo lo habían matado. A gritos gemía David por su hijo muerto: Absalón, Absalón, hijo mío, Absalón. Señor mío, Señor, qué numerosos son mis enemigos, veo caras fingidas, rostros sarcásticos, sonrisitas cómplices y burlonas, hasta mi propio hijo Absalón se yergue contra mí, reflexiona angustiado el rey David. El ser humano, ¿qué es el ser humano? Nos asusta por sus traiciones y malicia. Judas con un beso vendió al maestro. ¿Qué quieres tú de mí, Dios mío? Líbrame de mis adversarios y de mis enemigos. Yo les he dado amistad y ellos me han dado ataques buscando mi destrucción. Absalón, Absalón hijo mío has muerto, ¿por qué levantaste tu mano contra el maestro? Cuántos son los que decían de mí: no hay salvación para él. Hasta Semeí, un pariente de Saúl quien ya había muerto en los montes de Gelboé le gritaba y le tiraba piedras maldiciéndolo. Pero David  quedó llorando porque su hijo Absalón que se había rebelado contra él, había muerto en la batalla. Pero tú Señor, mi Dios,  eres el escudo que me ciñe y protege; eres mi gloria, quien realza y asegura mi bastón de mando; tú como yelmo proteges mi cabeza y voy gritando al Señor, Señor desde tu santo monte, auriga de Israel, desde Sion por medio de María Santísima, promueves en tu pueblo, como un tesoro de gracia, como un amoroso capital de la gracia derramada sobre su pueblo. Especialmente lo llenas en María, nuestra Madre, que es el anticipo. Yo me acuesto y me duermo como un niño pequeño durmiendo en los brazos de su madre y me despierto cuando es necesario y me levanto asimismo donde otros no podrían levantarse. Camino o corro cuando es necesario; confiado en ti mi Dios porque tú me sostienes, tú eres mi castillo de defensa. Sé que el caudillo de Sión me sostiene. Por eso no le tengo miedo a esa gente que mueve un gran número de masa que se pone en contra de mí desde el norte. Grito: levántate Señor Dios mío ven a salvarme. Absalón,Absalón, hijo mío, llora el padre porque su hijo ha muerto; tu hieres en la mejilla a todos los que me hieren, les rompes sus dientes a esos impíos, a esos masificados de siempre que no se pronuncian por la verdad, sino por el interés del momento. Por mi parte al rebuscar que nada ni nadie se aparte de ti porque de ti Señor viene la salvación de los que te invocan de corazón. Bendícenos, Madre Santísima por el Señor, bendice en tu Oratorio a tu pueblo; no lo abandones. Por María Santísima, la Madre de Dios, bendice a tu pueblo, Padre y buen Pastor, sálvalo de la iniquidad de los caminos mal tomados porque Jesús dijo claramente el que se pronuncia por mí, yo no lo negaré delante de mi Padre, aunque mil flechas caigan sobre mí, no podrán abatirme porque tú estás conmigo, porque no vivo yo sino que tú estás en mí. Amén, así sea. Aleluya.